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EL JARDÍN DE LAS ROSAS NEGRAS

Creado: 17/06/2014 - 10:06 por Vianey Lamas Flores

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Aquella mujer salió a dar una caminata, quería despejar su mente y sus arremolinadas emociones. De pronto, algo llamó su atención, en medio de un verde matorral, se erguía una rosa.

-¡Una rosa negra! ¡Qué flor más extraña!-

Se acercó a mirarla con detenimiento, su belleza era extraordinaria; después olió su aroma y se sintió un poco mareada y por último quiso tocarla pero como toda rosa, tenía espinas. Sin querer se pinchó el dedo y le salió una gota de sangre. La mujer dio un paso hacia atrás y sintió que se desmayaba.

Cuando despertó estaba en un lugar un tanto surrealista. Vio un gran jardín repleto de rosas negras y atraída como un imán se acercó.

-Bienvenida.- Le dijo una de las rosas.

-¿Rosas parlanchinas? ¡Debo estar soñando!- Exclamó la mujer un tanto confundida.

-Relájate querida, sabemos de tus emociones: de tu tristeza y enojo; de tu impotencia y frustración.-

Ahora sí aquella mujer puso atención.

-Sabemos del duelo que sientes en tu corazón. Cuando los hijos crecen, comienzan a desplegar las alas de la independencia.-

-Eso debería darme gusto ¿no?- Preguntó un tanto ofuscada.

-Sí, en el Mundo de la Razón deberías estar inmensamente feliz de que tus hijos ya casi no te necesiten, pero en este mundo tu dolor tiene un sentido.-

-¿En dónde es que estoy?-

-En el Mundo de los Símbolos y aquí todo tiene un significado profundo. Aquí puedes expresar tus verdaderas emociones sin temor a ser juzgada.-

-¿De verdad?-

-Así es querida, confía en nosotras.-

La mujer comenzó a hablar, quejándose de lo poco que sus hijos adolescentes la tomaban en cuenta. Recordó cuando eran pequeños y cuánto los había cuidado, sus preocupaciones y desvelos; sus temores y aprehensiones. Sus juegos inocentes y sus fiestas de cumpleaños. Habló sin parar hasta desahogar su corazón. Todas las rosas la escucharon con amor y paciencia como si de un consejo de abuelas sabias se tratara. La mujer se sentía contenida, escuchada y comprendida.

-Todas nosotras ya pasamos por lo mismo.- Dijo una que estaba más lejos.

-¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué duele el corazón si crecieron sanos y salvos?- Preguntó la mujer.

-¿En verdad quieres oír la respuesta?-

-Sí.

La más anciana de las rosas contestó:

-Lo que pasa es que ya no eres la protagonista de su vida.-

Cuando la mujer escuchó esto, comenzó a llorar. Ahora sus palabras se ahogaban. Sin darse cuenta, sus lágrimas regaban el jardín de las rosas negras.

  • Es la ley de la vida. Sólo somos guardianes del alma de nuestros hijos por un tiempo.-

*-Un guardián jamás puede poseer lo que custodia.-**

-Cuando te duela el corazón al verlos tan independientes, recoge tu corazón de madre y guárdalo en una rosa. Ahí estará a salvo. Puedes venir aquí y sembrarla para que se convierta en una de nosotras.-

-Regálate a ti misma el tiempo que ahora te sobra con cariño y dedicación.- Agregó otra.

-Sé creativa. Pinta, canta, baila, escribe, borda, cualquier expresión artística te ayudará a sentirte mucho mejor.-

-Al crear sigues expresando tu esencia femenina.-

Al escuchar el consejo de las rosas negras, la mujer liberaba su carga. Aquellas palabras eran como un verdadero bálsamo.

-Es el Bálsamo de la Aceptación.- Aclaró la rosa más grande.

-Tarda un poco en hacer efecto pero es muy poderoso.-

-Tengo una duda.¿Por qué todas ustedes son negras?- Inquirió la mujer.

-Cuando una madre no suelta a sus hijos cuando ya es tiempo su amor se vuelve oscuro; si recoge su corazón de madre y lo guarda, esa oscuridad queda contenida y ellos están a salvo para seguir madurando. Una madre oscura es destructiva.-

-Nosotras guardamos la oscuridad para que la vida siga fluyendo.-

La mujer se quedó muda ante tal revelación. Necesitaba un poco de tiempo para comprender todo aquello.

-Gracias, pronto volveré.- Dijo a manera de despedida.

Cuando se dio cuenta ya estaba de regreso en casa. ¿Habría sido aquello un sueño?

Se llevó la mano al corazón pero ya no le dolía tanto y al observar su mano notó que uno de sus dedos tenía un poco de sangre seca. La llevó a su pecho y agradeció aquella inesperada visita al Mundo de los Símbolos.

Sin duda alguna, su mirada comenzaría a cambiar.

Pronto, el jardín tendría una rosa más.

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