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VIANDA Y EL HADA MADRINA

Creado: 19/10/2015 - 15:10 por Vianey Lamas Flores

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Había una vez una niña que vivía en el corazón de una mujer llamada Vianda. El corazón que ambas compartían era muy sensible, parecía estar bien pero la verdad es que estaba roto en dos partes. Era tiempo de sanarlo...

Aquella mañana, sin siquiera sospecharlo amanecieron en el Valle Desolado. -¿Otra vez aquí?- Pensó la mujer que ya conocía el lugar. A diferencia de la última vez que había estado ahí sabía que nadie las iba a rescatar, que tendrían que salir por sus propios medios aun si los sentimientos las abrumaban. Armándose de valor, Vianda tomó a la niña de la mano y comenzó a caminar cuesta arriba, casi sin notarlo, el paisaje iba cambiando. La aridez del valle se iba transformando en verde hierba y algunos árboles tenían pequeños brotes.

-Estoy cansada y tengo sed.- Dijo la niña después de una larga caminata.

-Creo que por aquí hay un arroyo, espérame. Iré a buscar agua.-

La niña estaba tan agotada que aceptó quedarse sola; se acomodó en un montículo de tierra y se quedó dormida.

-Despierta, he traído tu agua.- Dijo una voz femenina.

La niña despertó pero para su sorpresa no era ella misma, sino una hermosa hada madrina con unas alas amarillas.

-Bebe.- Le dijo ofreciéndole agua en un cuenco de madera.

-Gracias.-

-He venido a ayudarte. Acompáñame.-

-Pero mi yo mujer, no tarda en volver.- Alegó.

-No te preocupes, ella está ocupada. Los maestros le pidieron que escribiera algo, era muy urgente, por eso me mandaron a cuidarte.-

Ambas caminaron entre flores hasta toparse con un río. Se descalzaron y se sentaron en la orilla.

  • Sé del vacío que existe en tu corazón niña hermosa.- Confesó el hada.

La niña se tocó el pecho, en verdad le dolía.

  • Y también sé que has tratado de llenarlo con una imagen idealizada que no existe.-

-Claro que existe.-

-No pequeña, el padre ideal no existe. Y tu padre nunca va a encajar con lo que tú imaginaste, es como si le hubieras hecho un traje demasiado grande. Él es como es. Y ya te ha dado dos grandes regalos: la vida y tu sensibilidad para escribir. Eso es lo que tenía que entregarte y ya lo hizo.-

La niña comenzó a llorar, había tanta verdad en las palabras del hada y además siempre había creído en la magia.

-Te propongo algo. Saca de tu corazón esa imagen idealizada y echémosla al río.-

La niña metió la mano a su corazón y sacó la cajita de madera donde por tantos años había guardado celosamente la imagen de su padre ideal.

-Si no la sueltas, siempre te va doler.- Aseguró el hada madrina.

-¿Y cómo voy a llenar mi vacío?-

-Hay vacíos que nunca se llenan, pero éstos permiten que siempre llegue lo nuevo.-

La niña tenía sus dudas por lo que el hada le propuso algo:

-Si la sueltas, te prometo que el río la disolverá y te devolverá algo más grande. ¿Confías en mí?-

-Claro, las hadas son mis personajes favoritos, me encantan que tengan polvo mágico en sus alas.-

El hada se puso de pie y sacudió sus alas para que cayera polvo en la pequeña. Aquel polvo hizo que su carita brillara como el sol. La niña se levantó y cuando estaba a punto de lanzar la cajita al río otra mano se lo impidió. Era otra niña que parecía haber salido de ella misma pero ésta era oscura, parecía una sombra.

-¡De ninguna manera! No permitiré que hagas esa estupidez. Así sea en el último día de su vida, él se tiene que convertir en lo que tanto hemos deseado y esperado.- Dijo con un tono de voz irritante.

Por unos instantes la niña sintió miedo, esa voz le era tan familiar pero nunca había visto a quien pertenecía, ahora por primera vez podía verla, era una imagen distorsionada de ella misma. Con gran valentía la niña dijo:

-¡Ya nos ha dolido demasiado! Ha pasado demasiado tiempo, eso no sucederá jamás.-

-Podemos seguir esperando.-

-No, no podemos.-

-Sí, ya falta poco, acuérdate lo enfermo que está.-

Las niñas comenzaron a discutir jaloneándose la cajita de madera. El hada madrina sólo las observaba.

-Te he buscado por todos lados ¿dónde estabas?- Dijo Vianda apareciendo en la escena.

El hada madrina le hizo una seña con su dedo en la boca para insinuarle que guardara silencio. Vianda comenzó a ser testigo de la discusión. Le costaba trabajo creer lo que veía, siempre había sabido que llevaba una niña interior pero ahora eran dos niñas y además eran tan opuestas; sin embargo le hacía tanto sentido verlas al mismo tiempo. También reconoció esa irritante voz que tantas veces había escuchado, que incluso la había atormentado.

-Esa es la parte de mí que no me deja amar a mi padre, es ella.- Pensó.

También alcanzó a ver el profundo dolor que habitaba en ella, su oscuridad venía de un duelo no trascendido. Como buena madre, decidió intervenir. Se acercó a las niñas y les dijo:

-Lo haremos las tres juntas, tiraremos la caja de la idealización de nuestro padre.-

Una de las niñas sonrió iluminándose, la otra se enojó oscureciéndose aún más. Vianda se dio cuenta de que tendría que ser más firme con la niña oscura, era muy mal criada. Intentó tomarla del brazo para hablarle con más firmeza pero sus manos no pudieron tocarla, era como de humo. Vianda retrocedió unos pasos y sin querer tropezó cayendo a la tierra húmeda. La niña oscura esbozó una perversa sonrisa pues se había quedado con la cajita. La niña luminosa volteó a ver al hada madrina como pidiéndole ayuda.

-No puedo intervenir si están tan divididas, sus voluntades son opuestas.- Confesó.

-Invoco la presencia del Espíritu Santo y de todo ser luminoso que quiera ayudarnos.- Pidió Vianda como una plegaria.

De pronto, el paisaje se nubló. Los troncos de los árboles se tornaron negros y sus hojas moradas. Como una figura fosforescente, la niña oscura brilló. Una paloma llegó volando y se posó en una rama. Acto seguido, se sintió un poco de aire en el ambiente, pero no era viento, era como un soplido...y en un susurro se escuchó:

-No eres real, no tienes sustancia, intégrate.-

Al escuchar estas palabras la niña oscura soltó la cajita de madera. La niña luminosa la recogió.

-No eres real, no tienes sustancia, intégrate. - Se volvió a escuchar.

La niña oscura comenzó a contorsionarse.

-No eres real, no tienes sustancia, intégrate.-

Después de que se escucharon estas palabras tres veces, la niña oscura se había convertido en humo. El soplo divino se sintió de nuevo y el humo se disolvió. Los árboles tomaron su color. Vianda se puso de pie y corrió a abrazar a la niña pero ésta ya estaba a la orilla del río. Se puso atrás de ella y permitió que hiciera lo que tenía que hacer.

-Gracias por haber estado tanto tiempo conmigo, me ayudaste a cultivar el don de la paciencia pero ya no te necesito.- Dijo al tiempo que lanzaba la cajita al río.

Al contacto con el agua, la cajita se rompió y salió humo de color azul que se perdió en el horizonte. La niña volteó a ver a Vianda y ambas se abrazaron. El hada aleteó para que les cayera polvo dorado de sus alas. Con el efecto mágico del polvo, Vianda recordó todo el dolor que había sentido durante su vida por su padre ausente pero al mismo tiempo reconocía que ese dolor la había hecho compasiva.

¿Cómo podría escribir de sanación sin haber conocido el dolor? ¿Cómo habría profundizado su escritura si no hubiera sido por todas las veces que cayó en el inframundo? ¿Cómo podría ser una guía sin haber antes estado tan perdida en sus propios laberintos? ¿Cómo podría haber descubierto el Mundo de los Símbolos si el dolor no la hubiera hecho llegar ahí?

Todo tenía sentido. Ahora sí podía tomar las monedas. Ahora sí podía honrar a sus padres y agradecerles el regalo de la VIDA.

-Siempre voy a cuidar de ti, tienes un buen lugar en mi corazón. – Le dijo Vianda a la niña.

El hada madrina les mostró un espejo mágico donde podían ver su corazón. Aquel corazón que estaba partido en dos, comenzó a unirse, latiendo con fuerza. Era un corazón completo y muy vivo.

-¿Puedo quedarme a jugar más tiempo aquí?- Preguntó la niña a Vianda.

-Está bien, yo debo volver al mundo real. Tengo mucho que escribir. Volveré por ti.-

Vianda cruzó el puente que unía el mundo real con el mundo de la fantasía. . Algo en lo profundo de su ser había cambiado aunque le dolía el cuerpo.

-No cambiaría nada porque gracias a todo lo vivido, tengo este maravilloso don para escribir.- Dijo con una sonrisa en el corazón.

Sin siquiera notarlo estas fueron como unas palabras mágicas, que potencializarían su escritura. Ahora tendría no sólo el don de la sanación sino muchos más. Ya había comprendido que las palabras que escribía tenían poder, pero ese poder no provenía de ella, sólo era un instrumento de la vida; sólo era una pequeña pieza en el gran rompecabezas cósmico pero era única e irremplazable.

Recibiría nuevas tintas y en su nuevo camino encontraría a personas que como ella, ya habían sido transformadas por la luz de la conciencia para servir al Divino Propósito del Amor.

Lo mejor estaba por venir...

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