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EL ÁRBOL QUE DABA LIBROS

Creado: 12/11/2015 - 18:11 por Vianey Lamas Flores

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Lavi tomó su pluma y salió a dar una caminata al bosque. Nada la relajaba más que estar entre los árboles. Se nutría de su aroma y color. Su espesura la invitaba a fundirse con la belleza de la Creación. Cerró los ojos e inspiró profundamente sintiendo el aire fresco llenar sus pulmones de vida.

Cuando los abrió vio frente a ella, un singular árbol que en vez de frutos, tenía ¡libros! No pudo resistir la tentación y se acercó a él. “Ese árbol tiene que hablar”. Pensó.

Se paró frente a él y lo miró extasiada. Tenía todo tipo de libros colgando de él: viejos y nuevos, delgados y gruesos, la mayoría estaban cerrados, pero había también libros abiertos. Lavi acarició uno que estaba a su alcance.

-¡No toques ese libro que me hace cosquillas!- Dijo una ronca voz.

La mujer dio un salto hacia atrás.

-No, no quise espantarte, vamos acércate de nuevo, por favor.-

-¿Quién eres?-

-Soy el árbol que da libros.-

Lavi se quedó más intrigada con esa respuesta.

-Soy un árbol muy viejo y estoy cargado no sólo de conocimiento sino de sabiduría, como podrás darte cuenta.-

-Me encantaría poder colgar uno de mis libros en tus ramas. ¡Eres hermoso!

-Creo que te equivocas un poco querida, los escritores no vienen a colgar a sus libros, ellos nacen a partir de una semilla, igual que los frutos de cualquier árbol.-

Lavi no comprendió muy bien.

-De hecho, hay varias semillas que tú has sembrado. Todavía no hay frutos visibles pero te aseguro que tus semillas están a salvo.-

La escribana estaba confundida.

-Estaba segura que muchas de esas semillas estaban secas.- Dijo con profunda tristeza al tiempo que sus ojos se llenaban de lágrimas.

-No, no lo están.-

-Pero las cosas no me han salido tan bien.-

-Las cosas no han salido como tú creías que estaban bien. Tu plan divino va en perfecto orden.-

Ya no contuvo sus lágrimas, se sentó a llorar buscando consuelo bajo la sombra del árbol. El viejo de madera guardó silencio y dejó que ella se desahogara.

-No ha sido fácil, he sentido tanta ira, frustración e impotencia. No sé en qué momento esto se convirtió en una lucha.-

-Se convirtió en lucha en el momento en que te aferraste a la forma. A la forma cuadrada de un libro impreso.-

-Creí que eso era una buena opción, muchos lo han conseguido. –

-Estás destinada a algo más grande.-

-No entiendo.-

-No tienes que entender, sólo suelta tus ideas de lo que crees que debes hacer. El divino Maestro no se ha olvidado de ti, te sabe escribana del alma y hacedora de cuentos. ¡Confía!-

-A veces siento que se me va a ir la vida sin lograr mis sueños.-

-Una vez leí las palabras de una sabia pluma: “La vida sabe, yo no le voy a dar instrucciones”.

-Yo también las he leído.- Contestó Lavi con una sonrisa.

-Sólo asegúrate de no alejarte de tu camino de escribana, lo demás se te será dado por añadidura.-

La mujer sintió una paz profunda. El viento de otoño ya soplaba, uno de los libros cayó a sus pies. Lo tomó y se sentó a leer bajo el árbol.

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