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ED Y LA DRAGONA

Creado: 22/03/2016 - 14:03 por Vianey Lamas Flores

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Aquel hombre llamado Ed, lo había intentado varias veces, su manera de beber lo había metido en demasiados problemas además de provocarle un gran dolor, no sólo a él sino a sus seres queridos. Había incluso terminado en el Lugar de Encierro. De verdad lo intentaba, pero su ansia por la bebida era más fuerte que él.

Esa noche, estaba inquieto, trataba de dormir en su litera, se sentía sudoroso; dormitó un poco. Sus sueños eran una mezcla de alucinaciones y recuerdos. De pronto vio que bajaba los escalones de un estrecho pasillo en forma espiral, las paredes eran de ladrillo. Bajó hasta lo que parecían unos calabozos. Era como estar en el sótano de un viejo castillo. Ahí vio a un hombre que estaba encadenado a una dragona. ¡Si! Era una verdadera dragona que lo tenía atado a no sólo a su voluntad sino a todos sus movimientos, por lo que al moverse lo azotaba. El hombre parecía un auténtico guiñapo, un títere. En la pared se veía colgada una llave. Ed pensó que no era tan difícil alcanzar la llave y no comprendía porqué el hombre no hacía un esfuerzo para alcanzarla, parecía tan simple, tomar la llave y abrir el candado para poder escapar, o al menos intentarlo. La dragona se quedó dormida y el hombre encadenado tuvo un poco de descanso.

-¡Hey!- Dijo Ed tratando de llamar su atención.

El hombre volteó la mirada y grande fue su sorpresa al ver que era él mismo. Tenía su misma cara, era como estarse viendo en un espejo.

-Pero ¿qué locura es esta?- Preguntó Ed.

-Ambos estamos en este calabozo, la dragona nos tiene encadenados a sus pies.- Dijo el otro hombre.

-Pero ¿cómo es posible?-

-Yo soy esa parte oscura que no quieres ver. Has evitado tanto tiempo tu dolor que yo me he alimentado de él. Yo soy quien sabotea tus intentos de sobriedad.-

Ed sintió en su corazón todo ese dolor del que hablaba el otro hombre. Se daba cuenta de que para evitarlo, bebía. El alcohol de alguna manera dormía sus sentimientos.

-Salir de aquí no depende de mí, sino de ti. Te has aferrado al pasado y has querido permanecer en un territorio cómodo, no te gusta correr riesgos; le tienes miedo a la vida.-

Aquellas palabras sacudieron a Ed. Recordó cuando y porqué había comenzado a beber.

-El día que comenzaste a dormir tu dolor con el alcohol, entregaste tu voluntad y tu honor. Quedaste desposeído de toda fuerza. Ahora no vengas a reclamarme. Soy el guiñapo que no quieres ver.-

De pronto apareció en la escena una dama de largos cabellos rojizos. Ambos se quedaron mudos ante su belleza. Se acercó a ellos, los miró directo a los ojos y comenzó a llorar. Los hombres quedaron sorprendidos, no comprendían el llanto de la mujer, ni siquiera sabían que estaba haciendo ahí. La mujer lloró con un llanto profundo, viejo e inconsolable.

-¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras bella dama?- Se atrevió a preguntar Ed.

-Estoy llorando en su lugar, estoy llorando todo lo que ustedes se han contenido.-

Los hombres se quedaron mudos ante tal confesión. Avergonzados, buscaron un pañuelo que ofrecerle pero ninguno de los dos traía uno. La mujer se limpió las lágrimas con la manga de su vestido y les dijo:

-El mundo necesita de valientes caballeros que se batan en las batallas de la vida diaria. Todo hombre está llamado a ser héroe en el viaje que representa su vida.-

Los hombres escuchaban con atención aquellas palabras llenas de sabiduría.

-Les he traído algo que perdieron hace mucho tiempo: su voluntad y su honor.-

La mujer sacó dos pequeñas bolsas de terciopelo y se las entregó a Ed.

-Debo irme, si quieren verme, los espero allá afuera del lado de la luz.-

Al alejarse la mujer dejó su aroma a flores frescas. Por primera vez en mucho tiempo, se sintieron inspirados a hacer algo. La dragona despertó.

-Yo la distraeré mientras tú tomas la llave.- Dijo Ed.

La dragona intentó comerse a Ed pero éste era muy hábil con su cuerpo y daba grandes saltos para escapar. De pronto vio una espada colgada en la pared y sin pensarlo la tomó y se la enterró a la dragona en el centro del pecho. El monstruo murió al instante, mientras que el otro hombre ya traía la llave, abrió el candado y se liberó. Ambos corrieron subiendo las escaleras y cuando llegaron a lo alto de la torre, volvieron a encontrarse con la mujer de largo cabello.

-Me alegro que hayan escapado. Cada vez que un hombre derrota a una dragona, recupera sus dones de fortaleza, esfuerzo, valor, orden, disciplina y razón.-

-¿Cómo salimos del castillo?-

-Sólo uno de ustedes puede salir.- Dijo una bruja que apareció de la nada.

-¿Qué estás diciendo? ¿Quién eres tú?-

-Sólo uno de ustedes puede salir porque el otro no es real.-

Se acercó a tocar a Ed y sintió la musculatura de su brazo pero cuando tocó al hombre que había estado encadenado se le escapó como humo. La bruja sacó su varita mágica y le dijo:

-No eres real, no tienes sustancia, intégrate a la luz.-

El hombre se hizo humo y salió por una pequeña rendija por donde entraba un rayo de sol. Ed se quedó mudo.

-Ya puedes irte. Has sido muy valiente al bajar al calabozo.-

La bruja buscó algo entre sus ropajes y luego se lo entregó a Ed.

-Toma, es un pañuelo para que se lo ofrezcas a una dama en apuros. ¡Sal al mundo! Y recupera tu heroísmo, aún es tiempo.-

Ed se sintió lleno de una fuerza que venía desde su corazón. Volteó a ver a la dama quien le sopló un beso. Guardó el pañuelo en su pantalón y salió de la torre volando como si de un águila se tratara. Ahora era libre.

El ruido lo despertó. ¿Qué había sido todo eso? Estaba sudoroso por lo que metió la mano a su pantalón y encontró un pañuelo. ¡Sí! Era el mismo que le había regalado la bruja.

Ahora sabía que sí era capaz de derrotar sus dragones y de reconstruir su vida. Era tiempo de que comenzara a ser un verdadero héroe.

(Este cuento fue escrito para un preso de la cárcel)

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